La Asociación de Escritores de Euskadi, AEE, abrió la tercera edición de Negrasteiz en la noble villa de Laguardia, reuniendo a Ángela Martín del Burgo, Juan Infante, Javier Otaola y Xandra Bilbao, moderados por la secretaria de la asociación, abogada y escritora Victoria Gastón, quien presenta en estos días su última novela, La maleta.
Tras las aperturas en Kuartango y Amurrio en años precedentes, la capital de la Rioja Alavesa nos recibió en los salones municipales, acogiendo una agradable intramuros entre los que se respiraba la literatura como forma de vida.
Entre las piedras resonaron ecos de los autores que les hicieron lectores y las pulsiones desencadenantes de la escritura como medio de comunicación por excelencia. El género negro permite extraer las sombras de la luz y las contradicciones sociales, bucear en las cloacas de un saber estar que con frecuencia late de puertas para adentro, con sumo cuidado de no escandalizar a los criados ni espantar a los caballos.
Ángela Martín del Burgo trató de analizar el gran misterio de la muerte, inspirada por grandes del género como Georges Simenon, dentro de los mimbres de la novela negra en sí y otras influencias poderosas como Marguerite Duras y Dostoievski. Se sirve del crimen para analizar la conciencia humana, la lucha apocalíptica entre el bien y del mal y las obsesiones que atormentan el alma del ser humano. La fotógrafa del pánico, su última novela, es una tremenda catarsis en la que confluyen el arte, la muerte y la violencia.
Javier Otaola, abogado y escritor, desencriptó el mal ciñéndose a la novela policial vasca más tradicional, pero enfocando sus tramas en una líder absolutamente atípica. Su ya comisaria Felicidad Olaizola rompió techos de cristal, al menos literarios, creando un precedente en el género. La Ertzaintza es su referente y su profesión de letrado refuerza el trabajo documental de su obra. Le inspiraron, además de la enorme labor desmoralizadora aportada por Freud, Nietzsche y Marx, personajes reales de lo cotidiano, con dosis de humor. Define la novela que aporta en esta edición, El síndrome de Nietzsche, como una tragicomedia moderna.
Juan Infante, escritor y abogado, ha rastreado en su trayectoria el mundo de los bajos fondos, la delincuencia, con una Bilbao de fondo digna de ser contada, una novela urbana, cercana a la calle, salpicada de diálogos ágiles y realistas que logra integrar en una prosa elegante. Presenta en esta ocasión Garrincha y su Beretta, un drama costumbrista con sus habituales pinceladas de humor gamberro, intereses oscuros y una caída a los infiernos de la que no será fácil salir airoso.
Xandra Bilbao, escritora desde niña, apasionada por los perfiles de los asesinos en serie y la mitología, escribe en primera persona y sus relatos son probablemente los más oscuros de entre encuentro. Le fascina cómo la mente del psicópata rompe con las fronteras de lo cotidiano.
Cuatro enfoques diferentes del género negro buscando responsabilidades, dentro del sistema, del dolor, de las mentes, de sí mismos, marcando límites claros, tratando de huir del morbo y de la recreación del dolor innecesarios.
Recibidos por el alcalde de Laguardia, Raúl García Ezquerro, agradecido con la localización del evento, los participantes pudieron disfrutar de una visita guiada ofrecida por la Oficina de Turismo de la villa de la mano de Zuriñe Gamarra.
Partiendo de los denominados lagos en Rioja Alavesa, grandes depósitos donde se pisaba y fermentaba la uva, pudieron acceder a los calados o cuevas, galerías subterráneas para elaborar y conservar el vino. Visitaron las situadas bajo la Oficina de Turismo (Casa Garcetas, una imponente casona palaciega del siglo XVII) así como las pertenecientes a la Hospedería de Los Parajes, del siglo XV, donde disfrutaron de un aperitivo, por iniciativa de Negrasteiz Beltz Festival.
La jornada literaria se cerró en el restaurante Las Postas, invitados por cortesía de la Asociación de Escritores de Euskadi, donde pudieron degustar caldos y platos tradicionales alaveses, en un ambiente distendido y cordial donde no hubo que lamentar víctimas.